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lunes, 22 de junio de 2015

El amor esclavo

  Si vives o has experimentado una relación de pareja en la que el otro no es detallista contigo, no se involucra en tus problemas, no tiene empatía hacía ti y tu sufrimiento, tiene miedo al compromiso o te maltrata de algún modo. Si eres de las personas que lo ha “entregado todo” y aun así no te lo han valorado. Si tú siempre te has preocupado por tu pareja, las has cuidado, entendido y acompañado pero no era recíproco. Seas HOMBRE o MUJER, esta historia puede ser la tuya.  

  Cuando todo se desmorona y te encuentras en el punto de reconocer esa voz interna que te dice: “esto no funciona, algo erróneo debe haber en mi”, comienzas un camino de crecimiento y autoconocimiento interno. La mayoría de las veces vas a terapia, lees libros de autoayuda, ves vídeos o asistes a cursos con la esperanza de que algún mensaje te llegue lo suficiente como para decir: “¡Eureka!, esto es lo que pasaba!”

  En este camino arduo y satisfactorio, yo encontré valiosas respuestas como:

-          “Aprende a quererte a ti mismo”, si tú no te valoras, nadie lo hará.
-          “Respétate”, somos un espejo, si te maltratan, piensa en qué lugar te estás maltratando a ti.
-          “Aprende a estar solo”, no busques una pareja solo porque no quieres estar solo.
-       “¡Pon límites!” Deja de permitir a los demás que te agredan. Pon un “hasta aquí” en el umbral de la puerta a tu dignidad.

  Todas estas cosas son fundamentales. Es 100% exacto afirmar que sin estos pilares una relación sana es imposible. 

  Pero, ¿qué pasa cuando todas estas cosas ya las has aprendido y sigue sin funcionar? ¿Qué pasa si eres una persona que se quiere, se valora, se respeta, no necesita a una persona por no sentir soledad y sabes poner límites, pero aun así sigues enganchado en una relación tóxica o las personas que aparecen terminan teniendo el mismo patrón de relación?

  Visto así habrá personas que se estarán diciendo: "Si una persona se valora y se respeta no aguanta a una persona que la maltrate o que la humille, y mucho menos consiente faltas de respeto o consideración" ¿Cierto? Parece obvio.

  Pero que hay si te digo que hay algo más. Que existe un motivo profundo que a mí me ha costado descubrir después de casi veinte años aventurándome en el mundo del amor, varias parejas fracasadas y dos divorcios, y que forma parte estructural de la ecuación.

  Me considero una mujer luchadora, emprendedora, independiente y autosuficiente. Sin embargo, he pasado por bastantes parejas, todas ellas aparentemente diferentes, con vivencias distintas pero con el mismo final. Daba igual las veces que lo intentara, de un modo u otro la relación no funcionaba. 

  He hecho infinidad de terapias, leído libros, asistido a cursos, consultado a gurús y maestros en busca de la respuesta. Cada vez que aprendía algo, me examinaba e intentaba testar en mi interior si esto era la causa de mis descalabros. La mayoría de las veces me sentía frustrada, culpable y confusa, porque no me terminaba de cuadrar nada y me sentía la más torpe del mundo.

  ¿Qué está sucediendo? ¿Qué me falta por aprender? ¿Por qué mis relaciones de pareja no funcionan? ¿Soy más torpe que los demás? ¿O es que mi destino es quedarme sola para siempre? ¿Quizás hay una fuerza superior que determina mi karma, y haga lo que haga solo queda aceptar mi triste destino?

  ¿Te suenan todas estas preguntas? 
  
  Si te sientes indentificad@ con lo que estoy contando, si consideras que eres una persona que se valora y se respeta pero aun así sientes que hay algo más que no cuadra, voy a contarte algo que espero marque un punto de inflexión en el que el significado del amor tomará un nuevo sentido. 

  ¿Eres pareja o salvador? A veces tendemos a tomar un rol aprendido para sentirnos dignos de amor. Desde pequeñitos nos han inculcado que para que nos quieran debemos desempeñar un papel específico dentro de la familia. A algunos les toca el papel del gracioso, otros el de "trasto", algunos son los estudiosos, el niño bueno de mamá que siempre hace lo que ella quiere, la princesita de papá y otros son los SALVADORES.

  Estos papeles, estos "roles" en los que se nos alaga o valora por lo que hacemos, nos marcan de por vida. Inconscientemente nos influyen hasta tal punto que condicionan nuestro comportamiento al relacionarnos con el mundo ¿Te sientes identificado con alguno de estos personajes?

  ¿Qué pasa en nuestra vida adulta cuando nos enfrentamos a una relación de pareja? Una pareja deja al descubierto todas nuestras ilusiones y nuestros miedos. Deja en primera línea de fuego nuestra "necesidad" de amor, y pone en funcionamiento nuestros recursos aprendidos por los cuales éramos queridos en nuestro entorno familiar.

  En este artículo voy a centrarme en el "alma de SALVADOR/A".  Si bien es cierto que todos los mecanismos de roles inconscientes son categóricos a la hora de formar una relación de pareja, el papel de salvador/a es especialmente determinante en explicar por qué aunque una persona se valore, se respete, sepa estar sol@ y poner límites, tiene parejas disfuncionales y se engancha al sufrimiento y el dolor. 

  Aunque pensemos lo contrario, un "buen samaritano" no nace, se hace. Somos esa clase de personas que desde chiquititos aprendimos que hay que procurar el bienestar a los demás y olvidarnos de nuestras necesidades. Puede que nuestra madre estuviera enferma o ausente, y nos tuviéramos que encargar de responsabilidades impropias de nuestra edad. Quizás no eres el mayor de los hermanos, pero se te encomendó el cuidado de ellos por algún motivo especial. Trabajar a una temprana edad por necesidad en el núcleo familiar, la falta de uno de los padres o cualquier circunstancia que te hiciera ser consciente de que los demás sufrían y tu labor era procurar el bien para el otro olvidándote de tí mismo, son los pilares que confortan ser un SALVADOR/A.

  Las personas "salvadoras" son personas capaces, con una alta convicción de que pueden con todo, autosuficientes, independientes, normalmente viven sus penas y sus frustraciones en soledad y difícilmente se dejan ayudar o piden ayuda.

  ¿Qué sucede cuando nos enfrentamos al mundo del amor? Lo primero que tienes que saber es que elegirás a la persona inadecuada ¿Y por qué digo esto? Porque el problema nace en la elección de la pareja, no en el tipo de relación que luego construimos.

  Tenderás a enamorarte de personas "débiles", con alguna carencia emocional, problema económico o situación personal complicada. Y no quiero decir que toda persona que esté pasando por unas circunstancias puntuales difíciles sea una persona "débil". A todos nos puede pasar. Me estoy refiriendo a la esencia. Al tipo de personas que son derrotistas o egoístas, sin iniciativa ni estabilidad emocional. Personas que no luchan por sí mismas, sino que esperan un "salvador/a" en sus vidas.

  ¿Y por qué se hace el encaje perfecto? Porque yo soy una persona salvadora que me gusta ayudar a la gente y hacerla feliz, y el otro es una persona débil que necesita que le cuiden en algún aspecto de su vida, como lo haría papá o mamá. Necesitan un salvador/a.

  Es entonces cuando vivimos un "amor esclavo". Nos convertimos en "el cascabel" de la persona amada, nos consideramos responsables de su felicidad y asumimos un papel que no nos corresponde.

  El hándicap que aquí se produce es que el salvador/a siempre entenderá y justificará el comportamiento del otro desde la asunción de su "debilidad". Es por esto que se establece un enganche tan poderoso. Justificamos sus carencias hasta el punto de entenderlas, y nos acomodamos en el pensamiento de que somos nosotros los que tenemos que suplir las carencias del otro.

  Mientras en la relación seamos los "fuertes", nos ocupemos del cuidado y el bienestar del otro, todo irá bien. Mientras entendamos los "descalabros" de nuestra "débil" pareja, nos conformemos con migajas o perdonemos sus errores hasta el infinito, la relación será duradera. Sin embargo, en el momento que nosotros necesitemos amor, comprensión, tengamos un mal día o estemos bajos emocionalmente, la respuesta del otro será exigente y con reproches hacia nuestro comportamiento. No estarán a la altura, porque no tienen herramientas. Eres tú el que cuida, no ellos.

  El amor solo es posible cuando se produce entre dos personas completas. Y con ello quiero decir que el salvador no se siente completo si no tiene que salvar a nadie. A veces nos da una especie de vértigo el pensar en enamorarnos de una persona que no nos necesite. Si aparece ante nosotros una persona segura de sí misma, luchadora, empática y cariñosa, directamente no nos atrae.

  La razón de que esto suceda es porque tenemos arraigado en nuestra psique que somos merecedores de amor porque cuidamos, porque hacemos por los demás lo que ellos no pueden hacer por sí solos, y esto nos hace sentir muy bien. Hemos aprendido a amar la debilidad y las carencias emocionales del otro, y por tanto las entendemos, las normalizamos y las justificamos. Esta manera de pensar es un dogma profundamente instalado en nuestra forma de relacionarnos con el mundo.

  Pregúntate si eres de esas personas que siempre están haciendo cosas por los demás, pero no son capaces de dejarse ayudar o de pedir ayuda. Plantéate si eres de los que están pendientes de su pareja, su madre, su hermana, sus hijos, sus sobrinos, etc en el sentido de estar haciendo cosas por ellos que les correspondería hacer a ellos como personas maduras, pero los JUSTIFICAS: está muy cansad@, es que no tiene tiempo, pobrecill@ se bloquea y no sabe expresar sus sentimientos.

  Si tu respuesta es sí, eres un salvador/a, y si quieres una relación de pareja sana en tu vida debes comprometerte a cambiar ese concepto de tí mismo. Es el momento de colocarte en tu lugar y dejar que los demás maduren y descubran su potencial de superación personal.

  El amor sano se produce entre dos personas maduras, responsables y comprometidas consigo mismas. Con un buen nivel de inteligencia emocional y empatía, capaces de superar sus obstáculos por ellos mismos, buscar soluciones y tener aspiraciones de crecimiento.

  Solo así hallarás la relación de pareja sana, en la que el amor estará basado en la comprensión mutua, la colaboración, el entendimiento y la perseverancia en el logro de las aspiraciones comunes.



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martes, 16 de junio de 2015

Lobo bueno, lobo malo

  Hoy traigo una bonita historia para reflexionar.
  “Una noche al lado de la fogata, un viejo Cherokee le contó a su nieto acerca de una batalla que ocurría en el interior de las personas.
  El viejo hombre dijo: Hijo mío, la batalla es entre dos ‘lobos’ dentro de todos nosotros.
Uno es malo. Es la ira, la envidia, los celos, la tristeza, el remordimiento, la arrogancia, la autocompasión, la culpa, el resentimiento, la inferioridad, las mentiras, el falso orgullo, la superioridad y el ego.
  El otro es Bueno. Es la dicha, la paz, el amor, la esperanza, la serenidad, la humildad, la amabilidad, la benevolencia, la empatía, la generosidad, la verdad, la compasión y la fe.
  El nieto pensó acerca de ello por un minuto y luego le preguntó a su abuelo: ¿Qué lobo es el que ganará?
  El viejo Cherokee simplemente respondió: EL QUE TÚ ALIMENTES."

  A veces no es sencillo ver en uno mismo al "lobo malo". Aunque tengamos emociones negativas,  solemos "echar balones fuera" justificando nuestro mal comportamiento o buscando la culpa en los demás. Una forma de hacerlo es pensando que "yo soy así, he sido así siempre y no puedo cambiar". Esto en primera instancia nos libera y nos hace sentir bien, sin embargo a la larga nos trae  frustración y muchas complicaciones. 

  La realidad es que en tu interior se encuentran las dos opciones, y en definitiva hasta ahora siempre has decidido la misma pensando que formaba parte de tu personalidad. Ahora es el momento de tomar consciencia, y cambiar. 



  Lo primero que debemos aceptar es que en cada uno de nosotros vive el "ángel" y el "demonio", el lobo bueno y el lobo malo. Ambos conviven diariamente en nuestro interior y coexisten como dos polos del mismo ser. No se trata de eliminar el malo y quedarnos con el bueno, ya que ambos son necesarios y no pueden darse sin la presencia del otro. Se trata de identificarlos y decidir cuál de los dos queremos "alimentar" en nuestro interior.

  La naturaleza en sí misma está compuesta de polos opuestos, y es gracias a estos opuestos que podemos tomar consciencia de lo que nos rodea y crecer. Para poder distinguir e identificar la luz tiene que haber oscuridad, para que sepamos lo que es el día tiene que existir la  noche. El frío y el calor, el bienestar y el dolor, la alegría y la tristeza... El yin y el yang con el que el taoísmo representa la dualidad de todo lo que existe en el universo, también se encuentra en tu interior.

  Cada ser, objeto, circunstancia o pensamiento posee un complemento antagónico del que depende para su existencia y que a su vez reside dentro de él mismo. Un hermoso tigre tiene en su interior la ternura de un lindo felino y la agresividad de un depredador. Nada existe en estado puro ni tampoco en absoluta quietud, todo se encuentra en una continua transformación. 

  Por este motivo, asumir y aceptar que tienes una parte negativa es fundamental para poder transformarla. Identificar el "lobo malo" es la puerta para responsabilizarte de él, y decidir alimentarlo o no es tu opción personal en cada momento.

  Es tu responsabilidad, tú eliges. Pase lo que pase, en cada situación, cada día, bajo cualquier circunstancia, el "lobo" que alimentes dependerá de ti y de nadie más.


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