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jueves, 5 de julio de 2012

El Objetivo

    Y en esta ocasión he de puntualizar y aclarar esto: lo que queremos conseguir debe tomar la categoría de meta u objetivo, y no de deseo.

¿Cómo es esto? ¿por qué razón? Bueno, siempre se nos ha dicho: "Lo que deseas se convierte en realidad". Pero la realidad es que un deseo se queda en el limbo de la voluntad divina o del genio de la lámpara maravillosa.
El considerar lo que queremos conseguir como un deseo, nos obliga a soltar el más que familiar "ojalá" acompañado de un suspirito con cara de "echame las cartas a ver qué me sale".
Una de las cosas de las que nos haremos conscientes es de que todo lo que consigamos en nuestra vida depende totalmente de nosotros. Y la "suerte" en este caso, la vamos a salir a buscar.

Para empezar a recuperar nuestro poder, en primer lugar, fijaremos nuestro "objetivo". Ya no es el concepto lejano de lo que me gustaría, sino que ahora es una meta a la que me propongo llegar. Para fijarlo debemos definirlo, concretarlo, porque vamos a poner en marcha una fuerza más poderosa que la energía atómica: la voluntad.

Quizás este es el paso más importante y al que menos importancia damos. Sin embargo es crucial, porque son las coordenadas necesarias para llegar a buen puerto.

Normalmente cuando se le da a alguien la oportunidad de formular su "deseo" responde: "yo... quiero ser feliz". Y esto la verdad es que queda muy bonito... pero inalcanzable. 

Veremos porqué con un ejemplo:
   Ahora vamos a imaginarnos un restaurante. Un restaurante de esos que suelen haber en los hoteles de la pulserita "todo incluido", que todos por lo menos de oídas conocemos. 

Este restaurante es enooorme. Tiene diferentes alturas que generan muy diversos ambientes y permiten separar estilos de comida por países, tendencias gastronómicas y/o categorías musicales. Se podría decir que este restaurante tiene todo tipo de comida que jamás hubieras podido imaginar, y está esperándoos a ti y a tu pulserita. 

La entrada de la recepción es majestuosa, con unos arcos lujosamente adornados, suelo enmoquetado, ventanales por los que entra la luz del sol... Una fuente que parece bailar al ritmo suave del hilo musical, y un recepcionista amable y sonriente deseoso de llevarnos rápida y fácilmente hasta el lugar exacto donde degustar nuestra más ansiada comida. 

A nuestra llegada hace una reverencia y en un perfecto español nos pregunta: 
- ¿qué va a desear? 
Con la impaciencia de un niño nosotros le indicamos: 
- Quiero comer.
El recepcionista algo extrañado nos pregunta de nuevo: 
- De acuerdo, ¿qué tipo de comida desea? 
Nosotros entonces le respondemos con un gesto cómplice: 
- Quiero comer comida, tengo mucha hambre.

Con esta información podrán pasar varias cosas: que nos lleve a un apartado cualquiera del restaurante en el que nos pondrán una comida que casi con toda seguridad no es la que nos gusta (aquí nos encomendamos a la suerte); que nos haga infinidad de preguntas que obtendrán las mismas respuesta y la gente de detrás se empiece a impacientar; que nos deje esperando en la puerta y haga pasar al siguiente hasta que nos aclaremos ...
En cualquiera de los casos llegará nuestro cabreo y la frase de marras: "qué mala suerte tengo".

Esto es exactamente lo que sucede cuando nuestro objetivo es indefinido, general e impersonal. 





Como dijo Séneca:
«No hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va»
Ningún barco puede navegar, sino sabe a qué puerto dirigirse. Cada uno es feliz de una manera, y cada cual desea una cosa cosa diferente. Yo soy feliz en el campo paseando con mi perra, mientras que otro es feliz comiéndose una paella valenciana para merendar.

Entonces, sincérate contigo y honestamente especifica qué es lo que realmente deseas. Elige bien a qué puerto dirigirte, concrétalo y personalízalo. Y no te preocupes si lo que te propones se ve muy lejano ahora, lo importante es tener un objetivo bien definido para dar el primer paso.


Visita mi web: www.reinventarme.com

jueves, 21 de junio de 2012

La Voluntad

   Esta palabra tan utilizada en el ámbito religioso y espiritual, ha adquirido con el tiempo unas connotaciones de bondad y deseo divino, que quizás nos hace pensar que cuando no tenemos ganas de hacer algo o no podemos conseguirlo, es porque no tenemos "fuerza de voluntad".
Por ejemplo, si quieres adelgazar y rompes tu dieta, es que tienes falta de voluntad. Si tienes que limpiar la casa o estudiar y lo aplazas, es que no tienes fuerza de voluntad. Ir a buscar trabajo, dejar de fumar... echamos al cajón de la falta de voluntad todo lo que no es "divino" y perfecto, o  simplemente no hemos conseguido en nuestro ideal.

Al echar esto en un cajón, terminamos pensando que nos falta algo, que somos diferentes, que somos lentos, vagos, perezosos... Y nos colgamos un cartel parecido al de nuestro cajón, del que es prácticamente imposible salir.

Sin embargo, hay una cosa que nos pasa por alto: la voluntad nunca la perdemos.
¿Y cómo esto? Pues bien, Albert Einstein explicó en una sola frase la cuantía de su significado cuando dijo: 
"Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad"
Al igual que la energía atómica se puede utilizar para un acto positivo o negativo, nuestra "voluntad" siempre actúa como esa "energía" necesaria para que el ser humano cumpla todo lo que se propone en la vida (nuestro objetivo, nuestra decisión), resultando ser que ella en sí misma no es ni negativa ni positiva.



Cuando decidimos romper la dieta, estamos utilizando nuestra voluntad, cuando decidimos no levantarnos de la cama, volver a fumar, ver la tele en vez de salir a buscar trabajo, etc... estamos utilizando nuestra fuerza de voluntad. 
¿Y cómo es esto? Hay un momento crítico, clave, en el que decidimos dar el paso de hacer una cosa u otra, un instante, una milésima de segundo en la que tomamos una decisión y nuestra voluntad dice: "yo te ayudo".
¿Qué ha pasado entonces? Que hemos cambiado el objetivo. En el momento en el que decides comerte el pastel, tu objetivo deja de ser el de perder peso, y pasa a ser deleitarte con su delicioso sabor en tu paladar. Te comes el pastel y... Puf! Objetivo cumplido.

Por lo tanto, ahora tenemos otra premisa: la voluntad siempre te ayuda a conseguir tu objetivo

La buena noticia es que ahora sabes que tienes fuerza de voluntad, siempre, y que ella te ayudará a conseguir todo lo que te propongas, porque siempre lo consigue.

Entonces, ¿qué te impide llegar? ¿qué influye para acercarme o alejarme de mi propósito?  

Considero que una de las claves para ello es mantenerlo en el tiempo. Y para ello nos ayudará tomar en cuenta unas pautas como: 
  1. Cuál es nuestro objetivo.
  2. Qué nos motiva a alcanzarlo. Para qué queremos conseguirlo.
  3. Cuáles son las creencias que nos están limitando. 
  4. Qué concepto que tenemos de nosotros mismos.
  5. Cómo utilizar nuestras capacidades conscientes de que disponemos.
  6. Cómo funciona mi mente. Llegar a acuerdos.
  7. Cómo recuperar nuestros dones.
Este espacio está creado para ti, para ir dando pasitos, aprender las claves y utilizar las herramientas que te lleven a conseguir tú propósito, descubrir algo más de tí mism@  si en este momento de tu vida has dicho: Voy a Reinventarme.


Visita mi web: www.reinventarme.com